Poesías de la Tierra del Pan


RECUERDO


La abuela es mayor y está cansada,
trabaja despacio, después se sienta en silencio
y a veces llora, quietamente, serenamente.
A su alrededor la vida no se detiene,
el viento sigue gimiendo como siempre.
Ella mira a través de los cristales
y sigue viviendo, pero a veces llora;
sus húmedas pestañas no se secan,
en el fondo de sus ojos brilla su eterna lágrima
que no se evapora.
A su alrededor se baila y se canta,
ella sonríe y conversa, pero después
calla. Calla y llora en silencio.
Aquel día reposó en el cementerio
la alondra que alegró la enhiesta casa,
pero nadie lo recuerda. Solo ella:
cansada, vieja, rota, casi muerta,
en el viejo caserón traga sus lágrimas,
porque la vida tiene que seguir.
Castronuevo no entiende de duelos,
el mundo sigue girando y ella
sola ha de ir digiriendo un sufrimiento
que la vence sin tregua.
A veces se lamenta, profiere un grito
sordo al aire, luego se serena y comprende:
"la vida es así, hay que seguir"
le repiten las otras viejas en su mutua espera.
La abuela sigue como puede:
vencida, sola , sin esperanzas, muerta.
Se oye un ruido de carro que se acerca
y anima su espíritu curioso tras el ventanuco
que la enlaza con la realidad del pueblo.
Apenas un segundo de reposo,
¿quién será?. ¿dónde iría?
le sobra para entretenerse un rato;
luego más silencio.
Un murmullo de dolor que se hace perceptible
se escucha a través de las ventanas,
el pájaro debe oírlo y también las ramas
de los árboles que gimen al viento alegre
y aguantan las bromas y las risas,
y bosteza el huracán de la ensenada
porque ella, la abuela, debe tragar sus lágrimas.


Mª Soledad Martín Turiño (Castronuevo de los Arcos)