Poesías de la Tierra del Pan


PUEBLOS Y GENTES


Vislumbro la curiosidad tras las ventanas,
los visillos siempre cerrados,
como si la indiferencia presidiera unas vidas
que son, de por sí, aburridas y tediosas.

Los pueblos pasan a velocidad por la ventanilla,
se suceden casas, campos y colores;
las laderas se engalanan de ocres, verdes,
amarillos áureos, chillones o estridentes
para poner un punto alegre en esas tierras.

Tierras llanas, como ancha es Castilla,
sin un árbol que cobije los excesos
del tórrido calor o el crudo invierno.

La aridez deja huella en sus gentes
ásperas a primera vista, austeras, sencillas,
que viven acomodadas a costumbres rancias
y no se cuestionan otra cosa que seguir viviendo;
tal vez ahí radique la felicidad plena,
alejada de proyectos, planes o propósitos
la mayoría de las veces inciertos.

Pueblos y gentes de la estepa castellana
que aciertan con su vida aquel aserto
que Machado reflejara en unos versos:
“Fe empirista. Ni somos ni seremos.
todo nuestro vivir es emprestado.
nada trajimos; nada llevaremos”

Esa es la realidad del vivir llano:
gozar de la rutina de los días,
vivir sin hacer mal, cultivar la fe aprendida,
observar cómo el tiempo curtió la piel
y abrió de par en par los sentimientos;
aspirar el perfume de la vida,
gozar del ocaso cada tarde,
sentir la caricia del viento en el rostro
y sonreír, en silencio, por el lujo
que supone un vivir sencillo, sin agobios
que perturben la simple y cálida existencia.

Mª Soledad Martín Turiño