INEXPLICABLE
Relato con origen : Castronuevo de los Arcos
A veces las palabras no pueden explicar emociones, sentimientos o sensaciones. Me llamó la atención el ruido atronador de una repentina tormenta y, al mirar por el ventanal, pude ver los canalones de la iglesia que, con la fuerza del agua, iban desprendiéndose de ramas, heces y todo tipo de suciedad insertada que caía con fuerza al suelo por la embestida de la lluvia. El pavimento era una auténtica riada y los sumideros apenas podían contener el agua que bajaba como un torrente acera abajo de la calle; así durante varios minutos en un espectáculo impresionante.
Los pájaros y las palomas se ponían a resguardo bajo los aleros; solo la cigüeña permanecía impasible, erguida en su enorme nido, aguantando estoicamente la lluvia que caía en una incesante cortina de agua.
El cielo se nubló naciendo una repentina oscuridad que, a medida que fue descargando la tormenta, iba clareando paulatinamente para regalarnos un precioso arco iris que se estampó sobre el cielo como si se tratara de un hermoso lienzo.
Cuando, al fin, terminó, abrí la ventana y aspiré el delicioso aroma a tierra mojada; las piedras del suelo, bañadas por la lluvia, habían adquirido un tono rojizo que iluminaban como si fuera una fuente de luz proyectada desde el suelo hacia arriba, y entonces me dije que todas aquellas sensaciones que había experimentado contemplando aquella inesperada tromba de agua era un espectáculo que nos regalaba la naturaleza al mismo tiempo mágico e inexplicable, porque las palabras se quedaban cortas para tan magno acontecimiento.
Los pájaros y las palomas se ponían a resguardo bajo los aleros; solo la cigüeña permanecía impasible, erguida en su enorme nido, aguantando estoicamente la lluvia que caía en una incesante cortina de agua.
El cielo se nubló naciendo una repentina oscuridad que, a medida que fue descargando la tormenta, iba clareando paulatinamente para regalarnos un precioso arco iris que se estampó sobre el cielo como si se tratara de un hermoso lienzo.
Cuando, al fin, terminó, abrí la ventana y aspiré el delicioso aroma a tierra mojada; las piedras del suelo, bañadas por la lluvia, habían adquirido un tono rojizo que iluminaban como si fuera una fuente de luz proyectada desde el suelo hacia arriba, y entonces me dije que todas aquellas sensaciones que había experimentado contemplando aquella inesperada tromba de agua era un espectáculo que nos regalaba la naturaleza al mismo tiempo mágico e inexplicable, porque las palabras se quedaban cortas para tan magno acontecimiento.
Mª Soledad Martín Turiño