Cuentos e historias de nuestra Tierra del Pan, Alba y Aliste III - La feria de Ricobayo    (Muelas del Pan)

LA FERIA DE RICOBAYO
(III)

Pelorrizo siempre ha soñado con tener un caballo y Morena Nieves con tener una borriquita de esas peludas zamoranas. Hacía mucho tiempo que el hada madrina de Morena Nieves no aparecía, aunque ellos siempre iban a merendar a la Glorieta del Descubrimiento por si la veían y les llevaba a vivir alguna aventura por tierras zamoranas. Después de que habían salido de la escuela y hecho correctamente los deberes aquel día, la Mami les dio el bocata correspondiente y lo fueron a comer a La Glorieta con el deseo de ver si se les aparecería el hada madrina.

Allí no había nadie, salvo ellos dos y una viejecita tapada con un velo en un banco vecino. Ya iban por el medio bocata cuando la viejuca se levantó y fue hacia ellos. Se quitó el velo y, enseguida reconocieron que era el hada madrina. Ella les dijo: he leído vuestros pensamientos y veo que Pelorrizo quiere un caballo y que Morena Nieves desea una borriquita zamorana. Bien, os voy a retrotransportar a la Feria del Cinco de Ricobayo de Alba en cuyo lugar podréis admirar toda clase de ganado. Allí habrá hermosos caballos y bellas borriquitas zamoranas. Allí estarán Walter y Luisito, vuestros antiguos amigos, que han sido invitados a la feria por un tío de ellos llamado, Félix hermano de su padre que también estará allí con la intención de vender un buey. Y, diciendo esto, ¡Zass!, se encontraron en la mitad del pueblo del que les había hablado el hada madrina.
Era una mañana de sol radiante y aquello estaba lleno de gente y mucho más de ganado. Había muchas vacas, bueyes, caballos, burros y burras, marranos, ovejas y todo lo que se pueda imaginar, amén de cantidad de puestos donde se vendían almendras garrapiñadas, palomitas de maíz, pepitas de girasol, pepitas de calabaza. Otros puestos de zapateros remendones, de alfarería popular, de venta de telas, de zapatos, cholas, al “póntelos ya”, de aceitunas negras y verdes y un montón de puestos más que no merece la pena contar.

Cuando Morena Nieves y Pelorrizo estaban ensimismados, hele aquí que pasaban por allí Walter y Luisito y, al verse se reconocieron de inmediato recordando la aventura de la Ciudad de los Coboldos. Ni que decir tiene que a partir de aquel momento todos fueron juntos. El Tío Félix les compró palomitas de maíz para todos y se acercaron al lugar donde tenía el buey, donde ya varios compradores estaban esperando. Unos ofrecieron 10.500 pesetas, otros 9000, otros 10800. El tío Félix dijo: este bueyo vale 12.100 pesetas, quien quiera darlas que las dé y si no me lo llevo de nuevo a mi corral. El más lanzado, un señor de Moralina de Sayago, dijo: ¡ ahí van las 12.100 pesetas y no se hable más! Con lo cual cerraron el trato y se tomaron unos vinos en el bar de al lado para sellarlo.

Después de esto dieron un paseo por la feria mientras llegaba la hora de la comida, a la cual pensaba invitar el Tío Félix. En esto que a Walter le entraron ganas de mear y pidió permiso para poder hacerlo en un cercado cercano que allí llaman cortinas. Cual no sería la sorpresa de Walter que encontró una cartera grandísima, como la que llevan los vendedores actualmente y al mirarla encontró unos cuantos fajos de billetes. (En realidad la había dejado allí el hada madrina). Contenía en torno a 7000 pesetas de la de entonces, que era mucho dinero. Walter se la entregó al tío Félix el cual dijo que ese dinero habría que gastarlo de alguna manera al no tener dueño. Entonces Pelorrizo dijo: ¡Yo quiero un caballo! Y Morena Nieves dijo: ¡Yo quiero una burra pelona! Bueno, dijo el Tío Félix, a ver si llega. Fueron al lugar donde estaban los caballos y los burros. Allí había un caballo percherón de color alazán. Preguntado el precio, y sin regatear, pidió el propietario, un honesto ganadero de Fornillos de Aliste, 4000 pesetas. Y así se adquirió el caballo para Pelorrizo y a su nombre con la guía correspondiente. Ahora hacía falta la borriquita para Morena Nieves. Había allí una muy maja, de color marrón, (como son las burras zamoranas), que tenía unas orejas grandísima y unos ojazos que decían: ¡Cómprame! Morena Nieves! enseguida aceptó que aquella era su borriquita. El tío Félix preguntó por cuanto la vendía y el señor, un ganadero de Villaflor de Alba dijo que 2000 pesetas ni una más ni una menos. Aceptado el trato, y con la guía correspondiente a nombre de Morena Nieves, se llevaron la burra. Tanto al caballo como a la burra los ataron en la pared junto a la tienda de la Señora Fidela y el tío Félix dijo que era hora de ir a comer. Aunque él pensaba haber invitado, dado el hallazgo todos pensaron que era mejor pagar con la bolsa común, por lo que se fueron a la Tasca de Luis el de Cerezal donde se daba de comer pulpo.

Debieron de esperar un poco, pues aquello estaba lleno de gente. El comedor no era nada más que un local a escasos metros del tejado equipado con cuatro taburetes y unos tablones en forma de mesa. La comida consistía en pulpo a la ricobayina, pan de Muelas y vino de Villalcampo. Para los niños había gaseosas La Moleña que llevaba allí Tomás El Gaseosero.

El Tío Félix pidió litro y medio de vino por ser de esos de aguaja y beberse como agua y no ser dañino. Para los cuatro niños una botella de gaseosa para cada uno y, para comer, dos enormes fuentes de pulpo y una hogaza de dos kilos y medio. También trajo el tasquero una gran ensalada y un plato de aceitunas negras con cebolla y pimentón.

Eran ya casi las cuatro de la tarde cuando acabaron de comer. Pelorrizo y Morena Nieves querían disfrutar de su caballo y borriquita por lo que los fueron a buscar donde los habían dejado. La Señora Fidela les había dado un poco de hierba seca y agua.

Cada cual se montó en su montura y se dieron un garbeo por la feria sin alejarse mucho de donde estaban el Tío Félix, Walter y Luisito.

El Tío Félix estaba muy contento por la venta del buey. Pelorrizo y Morena Nieves por el caballo y la burra. El tío Félix, que era una persona muy cabal, repartió el resto de las 7000 pesetas entre Walter y Luisito y la comida y las palomitas corrieron de su cargo quedando los chicos muy contentos.

Estando en esto se les acercó una viejecita con velo, (era el hada madrina de Morena Nieves), y les dijo: Pelorrizo y su hermana han de regresar ya, despídanse de ellos si lo desean porque ya se van. Pelorrizo, montado en su caballo y Morena nieves en su borriquita, les dijeron adiós. En ese momento el hada les tocó con la varita y…¡Zasss! Se vieron de nuevo transportados a La Glorieta de la famosa ciudad de Pucela. El Tío Félix se sorprendió bastante, pues nunca había visto una cosa así. Los que había a su alrededor pensaron que aquello era cosa de brujería y duró un buen rato el comentario. No así Walter y Luisito que ya tenían la experiencia de El Alto del Alcornocal.

El tío Félix regresó con los chicos casi directo a casita, (pues llevaba mucho dinero en el bolsillo), pero aun se tomó un solaz en La Montañesa donde invitó a los chicos a otra gaseosa, pues la andadura entre Ricobayo y Muelas es un poco durilla debido a las cuestas.

Entretanto la Mami fue a buscar a sus hijos a La Glorieta y cual no sería su sorpresa al ver el caballo y la burra, que los dejaba allí, pero sus hijos le reafirmaron que eran de su propiedad por lo que los llevaron a La Parada y los ataron a la puerta de la entrada al local. La madre que un poco nerviosa, no sabía qué hacer con aquellas caballerías, cuando se acordó de Peporro el Gitano de San Pedro Regalado, el más noble de los calés de la zona que se dedicaba a la venta y compra de ganado.

Establecido el contacto por teléfono Peporro se alegró mucho, pues estaba, precisamente, a la búsqueda de un caballo y un burro. No tardó en llegar a La Parada y, diciéndole a la Mami que los vendería lo mejor que pudiera, y que ya vendría con el resultado.

En efecto, al día siguiente ya había vendido ambos animales a un hortelano de la vecindad. Por el caballo le habían dado 1600 euros y por la borrica 800 y allí mismo se los enseñó a la Mami y se lo entregó todo menos la comisión, que fueron 160 euros por el caballo y 80 euros por la burra. Tan contenta quedó la Mami que invitó a Peporro a una paella y a una botella de Ribera de Duero.

Con el dinero, y dividiendo por dos el conjunto, les abrió a Pelorrizo y Morena Nieves una libreta de ahorro en el Banco de Aliste y la Carballeda cuya sede está en la pequeña y bella ciudad de Villardeciervos.

Una cosa había recriminado la Mami a los niños: que cuando eructaban olían a aceitunas, cebolla y pulpo y esto la convenció de que la historia contada por los niños era verdad.

Y quien no se la crea que lea el Nuevo Testamento donde se nos enseña que hay que creer lo que no vimos.


Estulano