PADRE NUESTRO

Padre nuestro protégenos del odio
que se asienta sobre una sociedad infecta
por los desatinos de muchos y las malas artes
que nublan la entraña con actos execrables.

Danos tu pan y que llegue a todos
los que hoy padecen miseria y están aturdidos
por no tener futuro, por llegar al abismo,
y se abandonan a su triste suerte
sin importar a nadie su afligido destino.

Perdona nuestras deudas, pecados y trances
y la adversidad a que nos abocamos
por ser prepotentes, necios, miserables
y escalar, aunque sea a costa de los otros,
pisando cabezas para llegar arriba.

Nosotros apenas perdonamos a quienes ofenden
porque el orgullo supera los límites;
somos más necios que sabios, más malos que buenos
y apenas aprendemos la lección que nos diste
aunque luego nos demos golpes en el pecho.

No nos dejes caer en la tentación
porque nos circunda por todas partes,
ríe maliciosa abriéndonos los brazos,
nos tienta de mil y un maneras
disfrazada de bondad y colmada de regalos
que envanecen nuestro ego siempre mancillado.

Líbranos del mal, de todos los males,
de aquellos que vienen, de los que buscamos,
de falsos intereses, de daños y ofensas,
de la torpeza, la ignorancia y la lengua afilada
para hablar sin pensar, con el odio por guía
que daña, menoscaba y atrapa en sus redes
con las malas artes como única bandera.

Diría Amén si en verdad así fuera,
si esta plegaría nos hiciera mejores,
si cerramos los ojos y abrimos el alma
para henchirnos de sensatez y cordura
sin adorar los falsos dioses
que por todas partes nos circundan.

Mª Soledad Martín Turiño