LOS DESPECHADOS

Ya no están, no quieren
renovar viejas tradiciones
ni arraigarse en la tierra, no interesa.
Los pueblos tienen despechados
en cada calle, a cada paso;
son gente hueca que perdió su turno
en algún momento y pensó que el pueblo
les fallaba. Son petulantes, altivos,
arrogantes, escépticos, vanidosos;
no perdonan un desliz, no entienden
la versatilidad o la ligereza
que domina en la gente de estas villas
y se enfurecen, les obvian, les destierran
mientras languidecen sus ideas
y van muriendo poco a poco con su razón a cuestas.
Antes cantaban la misa en latín
voces vibrantes que resonaban
en el templo hasta elevarse al cielo;
eran parte destacada en los festejos,
decidían, opinaban, se imponían
con motivos por lo general certeros.
La Salve entonada por mujeres
enaltecía nuestras almas tras la misa,
y salíamos con la dulce sensación
de estar bendecidos.
Ahora los despechados se abstienen,
evitan pronunciarse, se alejan
de pregones, dulzainas o reuniones
porque están por encima de ese pueblo
al que admiran y veneran en secreto.
¡Pobre gente que va con la razón a cuestas,
es tan pesada su carga que se encorvan
y así van, mirando al suelo,
sin saber que se pierden tantas cosas….!


Mª Soledad Martín Turiño