CORRIDA

Aplauden, vitorean, se abalanzan
excitados hacia el ruedo
en un amago de lanzarse con barbarie,
pero se quedan después en sus asientos.
Mientras tanto la faena se consuma:
unos capotes, la muleta, tercio de varas,
banderillas, capotazos, carreras,
sangre que chorrea, burladero,
caballos, picador, la taleguilla
desgarrada por un envite feroz,
el grito bravo, sangre humana
en mezcolanza con la fiera,
gritos de un público enloquecido
que pide más, que exige hasta el denuedo,
y se excita con el riesgo, jaleando a una
porque han comprado el riesgo ajeno.
Al final quizá, tal vez la oreja
resultado de agitar pañuelos
con el beneplácito de un hombre
que preside la lid entre hombre y bestia
y galardona al hombre a la vez que el animal
se arrastra indolente por el ruedo
dejando la huella de su cuerpo roto
deshecho de sangre y excrementos.
Es la lidia, la fiesta de los toros,
la faena, el combate, la corrida
que galardona o abate al torero;
ese hombre que glorifican en una tarde
si premian la tienta con vuelta al ruedo,
o se va humillado y de repente
cuando la tarde se viste de bruno
y no logra el clamor ni el vitoreo.


Mª Soledad Martín Turiño