AMOR FILIAL

Amor infinito, incondicional, excelso,
grande como el orbe, superior y vívido,
amor que nos pone las garras en guardia
cuando halla sospecha de peligro inminente;
¡por los hijos todo!: el amor, la vida,
la soledad, el sacrificio, el dolor callado,
un silencio estruendoso que a ellos se oculta
por no perturbarlos, que todo sea bello,
sin mácula o sombra que disturbe sus vidas.

Los padres callamos silencios punzantes,
soledad profunda, dolor primitivo,
¡son nuestros problemas que a ellos no incumben!
Ante ellos la risa, el rostro maquillado
que oculte las ojeras por tantas malas noches
y pinte una sonrisa de amor en los labios,
los oídos abiertos por si acaso sufren
y encubren con palabras un llanto callado.

Ante ellos el alma a sus pies en el suelo
para que sientan arropo sin límites,
luchando por su suerte, bajando a los infiernos
o restaurando el mundo cuando no se enteren,
para que noten un amor sin trabas
que pueda hacer frente a sus desconsuelos.

Amor filial, el más puro y noble,
ese que se entrega con cuerpo y con alma,
que comparte carne, corazón y sangre,
el que lo da todo a cambio de nada.
No hay otra emoción que tanto conmueva,
ni otro sentimiento que rija mis pasos,
¡por un hijo todo!, la sangre, la vida,
el dolor, la ausencia, la ilusión, el llanto,
desvelos, inquietud, silencios, temores….
me quedo con todo que todo me importa,
no me quiten nada ni eviten afrentas,
por eso soy madre y ellos fundamento
de la más excelsa y elevada entrega
que otorga sentido a cada uno de mis pasos.

Mª Soledad Martín Turiño