MIENTRAS VIVAS

Antes de que la luz expire y lleguen las estrellas
con su brillante tintineo de luces
a iluminar la oscuridad de la noche,
antes de que la gente se retire
a sus hogares y cierren la puerta
hasta la siguiente jornada de trabajo y esfuerzo,
antes de que los niños se acuesten
extenuados por tantos juegos
y la benéfica paz del sueño les atrape…
quiero confesar al mundo y sus confines
algo baladí mas para mí inmenso:
os diré que la vida es sumamente hermosa,
que un inocente se salvó a tiempo,
que me bendijo el amor más puro
y superé el poder destructor del miedo.

Os recomiendo mirar hacia lo alto
y descubrir en la espuma de las nubes
rostros divinos o aquelarres varios,
observad sin miedo el horizonte inmenso,
zambullíos en los mares, retad al fuego,
evitad la arrogancia, sed generosos,
compartid el dolor y será más llevadero.

Os exhorto a acumular experiencias,
a aprender, a faenar, a cultivar la mente,
a disfrutar con la música, a ser tolerantes,
a no difamar, a ser austeros,
a predicar la verdad, a olvidar calumnias,
a ser íntegros, fieles y sinceros.

La impertinencia se combate pronto
con una sonrisa displicente y árida,
mirando hacia otro lado, sin palabras;
no caigáis en el duelo de rebatir más fuerte
una herida con miles de argumentos.

Quiero confesar al mundo y sus confines
la inmensa belleza que nos rodea,
la buena gente que alrededor vive,
la paz de que disponemos, el amor, la risa…
porque solo lo valoré ahora que he muerto.

Mª Soledad Martín Turiño